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encuentro planetario de cuerpos que conforman el sistema solar, y que se
celebra de forma periódica, al menos desde que el cometa Halley empezó sus vaivenes por
el espacio cósmico y Centauri no estaba destetado de Alfa, se escucharon cosas
que viene siendo repetitivas y comunes cuando no tediosas: Saturno, volvía a
exponer la necesidad de agrandar sus anillos pues se le aproximaban cada vez
más a su ovalado cuerpo; Plutón, seguía argumentando que se sentía un segundón,
y que todavía los pequeños terrícolas no se aclaraban sobre si era planeta o
satélite o como lo llamaban de últimas, “planeta enano”; Venus, proponía un
cambio de nombre, algo más usual como Afrodita del Hiperespacio; mientras que
Sol planteaba poder apagarse diez años cada cien mil pues estaba un poco harto
de pasar tanto calor; en esto que habló Tierra, la más bella como decía Júpiter,
y quizá por ello tan respetada en el Sistema. «Estoy seriamente afectada. Los
Pies Blandos que tanto he amado y a los que tanto dí, me tiene afligida».
Aclarar por si el lector no se ha dado cuenta que los Pies Blandos somos los
humanos, y como dato aportado por el narrado omnipresente que todo lo sabe,
diré que el resto de los planetas envidiaban a la Tierra por recibir esas
cosquillas que los Pies Blandos le hacían al andar, y que sólo ella y la Luna
conocían. «Al principio me hacían cosquillas con sus pies, rascaban para que
les diera alimentos e incluso inventaban bailes graciosos para que les lanzara
agua; si bien es verdad que a veces me he enfadado, sobre todo cuando los veo
luchar entre ellos, en los últimos doscientos años los he visto hacer cosas
dantescas; ¡ahora me agujerean para sacar, y perdón por la palabra, la mierda
que llevo en mi interior! Aunque ellos le llaman oro negro». Urano, el
gracioso, interrumpe «por qué ahora te quejas cuando siempre presumías de las
cosquillas que te hacía tus Pies Blandos, no será que estás un poco “bipolar”…
jaja, lo cogéis “bipolar” por los dos polos». Saturno lanza una lluvia de
asteroides sobre Urano quien se da cuenta de lo desafortunado de su comentario.
Tierra sigue hablando: «Conforme fueron cubriendo sus pies han ido cambiando su forma de actuar
conmigo, creo que han perdido la cordura y no sé qué hacer». Marte el más
radical, dice «deja de darles comida por un tiempo, que aprendan; a mí también
me preocupa, empezaron contigo y yo seré el siguiente; a cuento de qué se
estuvieron llevando trozos míos, por no hablar de todas esa chatarra que están
lanzan». «Trágatelos Tierra —truena Sol—, sería un buen momento para empezar
mis diez años de descanso; lo notarían, os lo aseguro. Los veo que me miran desde
las playas y en los desiertos —que también tienen arena— me huyen, de verdad que
no entiendo a estos Pies Blandos». Neptuno, siempre tan callado como de costumbre
sentenció «eh ahí el problema; sus pies ya no son blandos sino duros; lo ha
dicho Tierra, desde que cubrieron sus pies han cambiado, por lo tanto la
solución pasa por descubrir sus pies». Mercurio se suma «Joder Neptuno,
desde aquí al fondo se te ve con ese color azulado que te da un aspecto un
tanto… cómo lo diría: algo bobalicón, pero cuando hablas hasta las mismas Perseidas paran su vuelo». Urano vuelve con una de sus gracias «Ese
color del que hablas lo provoca el metano de sus flatulencias planetarias, ja,
ja… (¡BOOOOOOOOM!, otros cientos de asteroides lanzados por Saturno), a este
paso voy a terminar como un planeta gruyer». Habla Tierra: «Pero qué voy a
hacer yo con tantos zapatos, dónde los puedo guardar; además, algunos tienen
varios pares ellos». «Tal vez con coger uno sólo a cada Pies Blandos bastaría»
—vuelve a proclamar Neptuno.
Y es por eso que en las playas y
charcas, campos y estepas, montañas, valles y depresiones… de encontrar un zapato,
bota, chancla o zapatilla nunca encontraremos el par.

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