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viernes, 8 de junio de 2018

Azul y blanco rojinegro.

Despertó mucho antes del amanecer, aun con aquel extraño sabor en la boca. Vio el espacio vacío que ella había dejado e instintivamente llevó sus pies descalzos hasta el salón. Allí estaba, sentada en un sofá italiano, mirando el infinito. Qué haces levantada a estas horas. No contestó. Su boca y pómulos realzados por las sombras que una luna en cuarto menguante soliviantaba; recordó las noches de incesto que su hijastras vivía con terror. El sabor en la boca. No podía dormir, tuve un sueño extraño, le dijo ella. Solo es un sueño, le contestó; él también lo había tenido. Un grupo de jóvenes rebosando en un camión, de esos que llamaban pies de hule, pero sus pañuelos era azul y blanco en vez de rojinegros. Cantaban y reían sin miedo. Memoró los jóvenes que junto a él lucharon en la revolución y sintió asco. Supo que su día estaba cerca, su ego no podía mantener aquella situación por más tiempo y caería como lo hicieron los árboles de metal. Caeré pero aplastaré a muchos en mi vuelco, pensó mientras esbozaba una mísera sonrisa. Malditos los jóvenes, los estudiantes... Tuvo un momento de lucidez en el que habló a sus fantasmas y recordó con envidia aquellos que dejaron la vida con brillo en los ojos, porque no tenían expectativas, porque fueron auténticos, y supo que aquel brillo se corrió en los genes y también en los colores. Ya solo me queda esperar mi caída, dijo en voz alta; y aquella fue su última frase lúcida. 

sábado, 26 de noviembre de 2016

El viaje

El Granma se desliza entre la espuma fatua de un violento mar de éter, es 25 de noviembre. El hombre de barba cana la mira fijamente y dice en un tono pausado: "maldita yanqui imperialista, adelante". La parca ataviada de negro traga saliva y sabe lo fatal de su golpe; no siente ni pena ni gloria, simplemente hace su trabajo, pero sabe que el anciano que tiene delante no se irá con ella, al menos no del todo. Piensa en todos esos años que evitó llevárselo, detrás de él con la guadaña afilada; siempre lo dejaba ir en el último momento. No quiero convertir a otro hombre en inmortal, mucho menos en héroe —piensa. Pero es tarde, el anciano fue en su búsqueda sin que le temblaran los pasos mientras su corazón latía lentamente, como lo hizo hace muchos años. Se recuerda partiendo de México en aquella embarcación que se le hacía indestructible, mientras el río Tuxpan lamía frenéticamente la proa del yate. Sus dedos acariciaban la barba (entonces) con destellos rojizos mientras los ojos iban más allá del horizonte, buscando la muerte, desafiándola tal vez. Los pies, en toscas botas de cuero, se hunden en el mar y después en la arena de la playa, la Revolución había comenzado. Ahora se le vienen a la mente aquellos versos de Martí, «Qué importa que tu puñal», que tanto rememoró en la selva cuando por las noches fumaba en el hipnótico zumbido nocturno. Ella está allí, frente a él. Con cada uno de estos inmortales yo muero un poco más —piensa, y ríe bajo el absurdo de que la muerte pueda morir—. Respeta al anciano de estatura hercúlea, una de esas vidas que parió el siglo XX con halo de literatura, de esa prosa latina que te lleva a un inconexo tiempo entre la memoria colectiva y lo que dicen los libros de historia, todo empañado por un vaho surrealista. El Granma rompe las aguas del Tuxpan dejando una estela. Llueve. Es 25 de noviembre de 1956.

viernes, 16 de septiembre de 2016

Sí, fui yo.




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Sí, fui yo. Quién iba a ser si no. Créame, usted también hubiera hecho lo mismo en mi lugar. No sabe por lo que he pasado todos estos años. Siempre con esa maldita. Para mí no tenía tiempo, pero para ella no le faltaba. Ya sé lo que me va a decir, o preguntar, que si yo no sabía que él era así. Cómo no lo iba a saber. Yo lo conocí estando con ella. Lo recuerdo como si fuera ayer; todos éramos jóvenes y hermosos; alrededor de una hoguera; el arrullo del mar y la luna eran nuestros aliados; aquellas interminables noches de verano eran maravillosas. Recuerdo el día que lo vi por primera vez; estaba con ella. No se puede usted imaginar cómo la abrazaba, sólo tenía ojos para ella; a mí me hubiera gustado estar entre esas manos, y finalmente lo conseguí. Claro, cómo no, nos fue muy bien todos estos años, éramos felices. Pero ella seguía allí. Al principio se cortaba, se centró en nosotros, yo tenía de esperanza de que llegara a olvidarla, que no necesitara a nadie más que a mí; pero no fue así. Empezó a dedicarle más tiempo, y más tiempo. Cada vez que podía estaba con ella. Al principio se iba fuera; me decía que había quedado con sus amigos; que iba a hacer deporte; a lavar el coche. Pero el mundo es muy pequeño, y más este pueblo, ya sabe usted. Mis amigas, y otras no tan amigas, me decían que lo habían visto con ella; sentado en la orilla de la playa; en el espigón mirando el atardecer… ¡eso nunca lo hizo conmigo!; incluso en la calle Real, allí a la vista de todos; se imagina usted que vergüenza podía sentir yo.  No, no me puedo tranquilizar. Ya escuché eso antes. Muchas amigas me lo dijeron; incluso familiares, como usted lo pensó antes. “Tú sabías que él era así”. Sí, pero pensé que podía cambiarle. Que conmigo no la necesitaría. Han sido muchos años, ¿sabe? Ya no puedo más. Cuando nació la niña dejó de dedicarle algo de tiempo; pronto volvió a lo mismo. No se puede imaginar lo que es escuchar en las primeras palabras de tu bebé el nombre de esa… ¡esa maldita diabla! ¿Qué no es para tanto? De últimas los vecinos me llamaban la atención; sabe lo que es que te digan que a tu marido se le escuchaba por todo el patio de luz; con ella; gritando como un poseso; incluso estando la niña allí delante. ¡No, no exagero! ¡No me vuelva a decir que exagero! Cómo no destrozarla, cómo no iba a hacerlo. Cómo no cortarla a cachitos como hice; y sí, disfruté mucho mientras lo hacía; la sierra cercenándole el cuello a esa condenada. ¡Oh música celestial! La hoja de mi serrucho acabando con sus curvas, o como el decía, “las curvas perfectas”. ¡Maldita seas! ¡Malditas seas! ¡Siempre maldita! No me mire así, no estoy loca. Él lloró, sabe. Ni cuando nació la niña lo vi llorar. Ni una lágrima al casarnos. Pero sí cuando la vio allí destrozada, sabiendo que ya nunca más la tocaría. No, no sólo es una guitarra; para él era algo más.

sábado, 27 de agosto de 2016

Mañana será...

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Qué está pasando en España... que la tierra nos entrega corazón y cerebros. Sí, salgo de duda; mañana será republicana.

martes, 23 de agosto de 2016

AQUELLOS MARAVILLOSOS PIES BLANDOS

En el XXXXLLLVVTIIIOPHHXLV encuentro planetario de cuerpos que conforman el sistema solar, y que se celebra de forma periódica, al menos desde que el cometa Halley empezó sus vaivenes por el espacio cósmico y Centauri no estaba destetado de Alfa, se escucharon cosas que viene siendo repetitivas y comunes cuando no tediosas: Saturno, volvía a exponer la necesidad de agrandar sus anillos pues se le aproximaban cada vez más a su ovalado cuerpo; Plutón, seguía argumentando que se sentía un segundón, y que todavía los pequeños terrícolas no se aclaraban sobre si era planeta o satélite o como lo llamaban de últimas, “planeta enano”; Venus, proponía un cambio de nombre, algo más usual como Afrodita del Hiperespacio; mientras que Sol planteaba poder apagarse diez años cada cien mil pues estaba un poco harto de pasar tanto calor; en esto que habló Tierra, la más bella como decía Júpiter, y quizá por ello tan respetada en el Sistema. «Estoy seriamente afectada. Los Pies Blandos que tanto he amado y a los que tanto dí, me tiene afligida». Aclarar por si el lector no se ha dado cuenta que los Pies Blandos somos los humanos, y como dato aportado por el narrado omnipresente que todo lo sabe, diré que el resto de los planetas envidiaban a la Tierra por recibir esas cosquillas que los Pies Blandos le hacían al andar, y que sólo ella y la Luna conocían. «Al principio me hacían cosquillas con sus pies, rascaban para que les diera alimentos e incluso inventaban bailes graciosos para que les lanzara agua; si bien es verdad que a veces me he enfadado, sobre todo cuando los veo luchar entre ellos, en los últimos doscientos años los he visto hacer cosas dantescas; ¡ahora me agujerean para sacar, y perdón por la palabra, la mierda que llevo en mi interior! Aunque ellos le llaman oro negro». Urano, el gracioso, interrumpe «por qué ahora te quejas cuando siempre presumías de las cosquillas que te hacía tus Pies Blandos, no será que estás un poco “bipolar”… jaja, lo cogéis “bipolar” por los dos polos». Saturno lanza una lluvia de asteroides sobre Urano quien se da cuenta de lo desafortunado de su comentario. Tierra sigue hablando: «Conforme fueron cubriendo sus pies han ido cambiando su forma de actuar conmigo, creo que han perdido la cordura y no sé qué hacer». Marte el más radical, dice «deja de darles comida por un tiempo, que aprendan; a mí también me preocupa, empezaron contigo y yo seré el siguiente; a cuento de qué se estuvieron llevando trozos míos, por no hablar de todas esa chatarra que están lanzan». «Trágatelos Tierra —truena Sol—, sería un buen momento para empezar mis diez años de descanso; lo notarían, os lo aseguro. Los veo que me miran desde las playas y en los desiertos —que también tienen arena— me huyen, de verdad que no entiendo a estos Pies Blandos». Neptuno, siempre tan callado como de costumbre sentenció «eh ahí el problema; sus pies ya no son blandos sino duros; lo ha dicho Tierra, desde que cubrieron sus pies han cambiado, por lo tanto la solución pasa por descubrir sus pies». Mercurio se suma «Joder Neptuno, desde aquí al fondo se te ve con ese color azulado que te da un aspecto un tanto… cómo lo diría: algo bobalicón, pero cuando hablas hasta las mismas Perseidas paran su vuelo». Urano vuelve con una de sus gracias «Ese color del que hablas lo provoca el metano de sus flatulencias planetarias, ja, ja… (¡BOOOOOOOOM!, otros cientos de asteroides lanzados por Saturno), a este paso voy a terminar como un planeta gruyer». Habla Tierra: «Pero qué voy a hacer yo con tantos zapatos, dónde los puedo guardar; además, algunos tienen varios pares ellos». «Tal vez con coger uno sólo a cada Pies Blandos bastaría» —vuelve a proclamar Neptuno.

Y es por eso que en las playas y charcas, campos y estepas, montañas, valles y depresiones… de encontrar un zapato, bota, chancla o zapatilla nunca encontraremos el par.   

miércoles, 20 de julio de 2016

Pokemon Go Home

Leyendo «El Gran Cronopio» de Cristina Peri me puedo imaginar los largos paseos con Cortázar por La Rambla de Barcelona, con esas conversaciones que sólo se pueden desarrollar en los libros o en algunas películas y que de tenerlas en la “realidad” nos harían sospechar de ser los personajes de una novela; y como la imaginación corre más que las palabras y al igual que ocurre en los sueños, que estás en un lugar pero no es exactamente ese lugar y hay personas de las que quizá no sabías de ellas, me imagino a los dos entrando en un café frente a frente, hablando de una traducción, de su último relato o novela; y aparece Gabo y se sienta con ellos, los mira atento, analizador, y siguen hablando de literatura y todos su quehaceres y paralelos oficios y orificios; ahora entra Bolaño, con las gafas empañadas porque afuera está lloviendo, y hablan y discuten no ya de literatura sino de política, y en esto que mezclan la soda (porque son latinoamericanos y ellos dicen soda) con algún alcohol y también la literatura con la política y sin darse cuenta hablan de literatura política o puede que de política literaria… no, esto último no, esto es lo que hacen muchos políticos. El caso es que en una mesa aledaña hay tres sombras cabizbajas mirando las tres el fondo de su vaso, y no porque busquen algo, simplemente esperan a seguir con la conversación mientras piensa e hilvanan sus próximas palabras. En el café sólo se escucha a los latinos, que todos sabemos que somos más ruidosos; los tres señores siguen mirando el fondo de sus respectivos vasos sin que la mesa de al lado repare en las personalidades de estos tres señores: Dostoievski, Hesse y Böll. Se escuchan las campanillas de la puerta, que más que campanillas son tubos que suenan como campanillas, y aparece Chejov (sí, el escritor) a quien no conozco pero me lo imagino taciturno, no sólo por ser escritor también por ser ruso; pero hoy viene cantando y bailando una Barynya; entonces Gabo cree haber visto a esa persona en algún otro sitio y se acerca pensando que es un exiliado uruguayo. Regresa a la mesa latina y les dice quiénes están sentados en aquella mesa, pues habló con ellos aunque él no sabe ruso y terminan todos hablando de Rusia y Latinoamérica aunque ellos y yo preferimos decir América a secas. Los taciturnos vuelven a su mesa  a mirar el fondo de sus vasos; Chejov duerme pues bailar le da sueño y los latinos siguen hablando de sus países y las respectivas dictaduras. «Ayer triunfó la revolución en Nicaragua» dice Cortázar, por lo que hoy es 20 de julio de 1979 (pero no lo digamos muy alto porque los autores de, entre otras obras, «El Jardín de los Cerezos; Crimen y Castigo; El Lobo Estepario» se darían cuenta de que están muertos físicamente y sólo Böll no habría pasado a formar parte de los inmortales). Así que en la mesa de los latinos se habla (valga la redundancia) de la esperanza latinoamericana, la semilla que espera cambiar el mundo y dar un ejemplo de buenas prácticas; «Espero que los nicaragüenses aprrrrendan de los fallos cubanos» dice Cortázar, y la conversación entre la uruguaya, argentino, chileno y colombiano se vuelve una conversación literaria aunque sea sobre política. Y yo que no quiero comparar, pues ya saben que las comparaciones son odiosas, y hay trampa en eso de que «tiempo pasado siempre fue mejor» pues todo lo que describo está empapado de la belleza literaria que dejaron plasmados en sus novelas, cuentos, cartas (no había Whatsapp), ensayos, entrevistas… porque la literatura transforma el exilio en una lucha intelectual, en un acto de resistencia pacífica, y los muertos de las dictaduras en jóvenes que enarbolaron como bandera la frase «morir de pie a vivir de rodillas» con toda la dureza que supone quedarse antes de la «a»; pero uno no puede evitar memorar otros tiempos cuando escucha una noticia que narra cómo unos jóvenes salen en masa a cazar pokemon. Con todo lo que está pasando: unos días atrás hubo un supuesto intento de golpe de estado que mostró y muestra cómo se ha prostituido la palabra «Democracia» pues se está llevando a cabo una represión injustificable y una forma de actuar propia de un régimen dictatorial; el pueblo sirio sigue sin comprender cómo es posible que los dejemos morir; ya pensamos que Ecuador se reconstruyó solito; la amenaza de otra recesión económica en España; los ataques a la libertad de expresión, las pateras que siguen llegando… y sí, sé que no es justo etiquetar a una población, pues no hay que ir a los jóvenes de los 70 y 80 o rememorar conversaciones en los cafés con intelectuales como Cortázar; sólo en España se me viene a la cabeza muchos nombres de hechos en los últimos dieciséis años: Prestige, Guerra de Irak, los movimientos antiglobalización, 15 M… pero hoy vuelvo a escuchar a un hombre que habla de la reconquista y le echa la culpa a los musulmanes de los atentados en Francia, y me dan ganas de decirle (pero no lo hago): “y es que no sabe usted que la mayoría de los muertos en las acciones más brutales llevadas a cabo por fundamentalistas islámicos son musulmanes”, y entonces pienso que como el miedo a los comunistas ya no existe (excepto en España) ahora se tienen que inventar otro miedo; sí, lo sé, no es justo decir que tiempo pasado fue mejor, y no me queda duda de la gran mayoría de la gente sólo quiere vivir en paz; y ahora no sé si escribo sobre política o es literatura. Veo a los taciturnos (menos a Chejov, pues aún duerme) que dejan de mirar el fondo de su vaso  para salir corriendo del café detrás de Cortázar, Cristina Peri, Gabo y Bolaño, quienes ya han emprendido la carrera; no, no huyen… buscan un pokemon. Sólo puedo decir: ¡Pokemon Go Home!

jueves, 23 de junio de 2016

Sí quiero

Allá por el año 2019 en algún lugar de España...




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—Pase por favor, ¿y usted es?
—Me llamo...
—No, no; el número identificativo que le dieron al entrar. Soy muy profesional y no me gusta desarrollar ningún tipo de vínculo con mis pacientes.
—Si se refiere a la etiqueta en la que pone: ES795, me niego a ser una matrícula de coche. Llámeme Antonio.
—Como quiera ES795, le llamaré Antonio. Muestra síntomas claros de desalienación patriótica, pero vayamos al grano. ¿Qué opina de esas pintadas que aparecieron por toda la ciudad? ¿Cree que ese comportamiento es normal?
—Asumo la autoría de las pintadas y estoy dispuesto a reparar los daños.
—El problema no son las pintadas, eso es lo de menos. La mayoría, según mis informes, aparecen en muros de edificios sin uso; lo que importa es el contenido. ¿Qué es eso del miedo al poderoso?
—Supongo que sabrá que esas palabras pertenecen a Don Quijote quien habló mediante la prosa de Cervantes.
—Sí, sí... ya sé y por eso también la urgencia. ¿Sabe que El Quijote no está entre los libros recomendados por el Estado. ¿Supongo que conoce la multa?
—No se ofenda pero la lista de libros que ofrece el Estado no se podría considerar como literatura; acaso cree que la vida de Telen Esteban, Marujita Semana y La Fantocha se pueden considerar libros; son meros cúmulos de letras plasmadas en folios y grapados o digitalizados... es un insulto a la inteligencia.
—Aja, interesante, presenta el extinto síndrome Fahrenheit 451. Increíble, no salgo de mi asombro. Volviendo atrás; le vuelvo a preguntar: ¿qué es eso del miedo al poderoso y a nosotros mismos?
—Bueno ya sabe, vivimos en tiempos difíciles agraviados por la indecisión de tomar las riendas de nuestra vida y tenemos el derecho y deber de hacerlo.
—Ya veo. Un claro caso de enajenación mental causada por una neurosis reiterativa del lóbulo frontal que causa una visión de la vida irreal en utopía manifiesta. ¡Maravilloso! Lo había estudiado pero nunca vi un caso real. Sí, recuerdo aquellos casos prácticos de los que nos hablaban en la facultad: 15M, Mayo del 68...
—Por favor, dígame qué hago aquí.
—¿No lo sabe? Usted ha sido catalogado como enemigo público mundial primer grado.
—¿Primer grado? ¿Y cuáles son los otros?
—De menor a mayor tenemos: grado 5______ecologistas, Scouts
                                                  grado 4______bolchevique, marxista-leninista,
                                                  grado 3______Pro Venezuela, seguidores de Mafalda
                                                  grado 2______ Soñadores
                                                  grado 1______ Inconformistas

—¿Y qué pasará conmigo?
—Antonio, usted será intervenido de urgencia y sometido a una lobotomía.
—Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!!!!!!!!!!!!
—¡Antonio cariño qué te pasa! Tranquilo tuviste una pesadilla.
—Uff, ¿qué días es hoy?
—26 de junio.
—¿Hoy se votaba, verdad?
—Sí claro, pero tú no querías ir.